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Un violento episodio se registró esta tarde en el CPEM 31 de San Patricio del Chañar, cuando el padre de una alumna ingresó al establecimiento de manera alterada para reclamar por un presunto caso de bullying que estaría sufriendo su hija por parte de algunos compañeros.

El hecho ocurrió mientras se desarrollaban las clases y quedó expuesto ante la mirada de gran parte del alumnado. El momento de mayor tensión se produjo cuando uno de los preceptores intentó calmar al hombre, quien, según las primeras informaciones, habría exhibido un arma blanca.

Ante la situación, se dio aviso a la Policía, que rápidamente se hizo presente en el establecimiento. Sin embargo, los efectivos no lograron detener al hombre, ya que se habría retirado minutos antes junto a la menor.

Desde la institución educativa se procedió a radicar la denuncia correspondiente y se resolvió suspender momentáneamente el dictado de clases.

El episodio vuelve a poner en el centro de la escena la problemática de la violencia en el ámbito escolar y entre adolescentes. Según pudo conocerse, durante las últimas semanas se habrían registrado otros episodios de violencia protagonizados por alumnos del establecimiento, principalmente fuera del horario de clases y en inmediaciones del colegio.

La situación genera preocupación entre la comunidad educativa y vuelve a plantear la necesidad de abordar de manera integral los conflictos de convivencia y las situaciones de violencia que involucran a estudiantes.

Bullying en alumnos de secundaria

El bullying es un tipo de violencia presente en el ámbito escolar; tiene como actores a los propios alumnos e implica la presencia de conductas de intimidación, acoso, burla, amenaza, descalificación o insultos de unos alumnos (agresores, acosadores) contra otros (víctimas). Sin embargo, en algunas ocasiones un mismo alumno puede ser la víctima y el agresor.

¿Cuáles son las causas del acoso escolar?

Investigaciones sobre la agresión en la infancia revelan que el aprendizaje tiene un papel muy importante. Los niños y adolescentes aprenden la agresión de los adultos o de otros niños y niñas a través de la observación y la imitación.

Además, este aprendizaje sólo se consolida si tiene consecuencias positivas para el agresor, de tal modo que, si la conducta agresiva es reforzada por el entorno, es probable que se generalice. Si por el contrario es rechazada o mal valorada por el grupo, podrá desaparecer.

Por esta razón, algunas de las estrategias educativas contra el bullying con más éxito reciente se centran en el papel del entorno y de los testigos del acoso escolar.

Aunque hablamos de acoso escolar, los estudiantes que acosan pueden haber aprendido las conductas agresivas fuera de la escuela: en su familia, en su entorno cercano o a través de los medios de comunicación, Internet o redes sociales. Los valores culturales y sociales son clave para fomentar o frenar la agresión

Los desencadenantes del acoso son una mezcla de factores emocionales e instrumentales:

  • Por una parte, es habitual que quien acosa experimente emociones de frustración, activación emocional o dificultad para controlar impulsos, siendo la agresión una forma de liberar estas emociones. Aunque existen otras formas de lidiar con el estrés o el malestar, es frecuente que muchos niños, niñas y adolescentes no las conozcan.
  • Por otra, dentro del acoso se da además un factor instrumental en el que se busca, de manera calculada, un beneficio social o de poder grupal. Para que esto ocurra es necesario que el entorno tolere y apoye el acoso. Es importante fortalecer competencias de participación, negociación, colaboración y otras habilidades sociales para que niños, niñas y adolescentes sean capaces de adaptarse socialmente y lograr sus objetivos sin vulnerar los derechos de otras personas.
Autor: admin