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El músico Daniel Melingo fue encontrado sin vida en su departamento. Integrante de Los Twist y Los Abuelos de la Nada en los 80, con los años dejó el rock por el tango, a partir de un álbum que le permitió darse a conocer en Europa y que dejó una huella: Tangos bajos. El cuerpo de Melingo fue hallado en su departamento por uno de sus hijos, según pudo confirmar LA NACION a través de fuentes al tanto del hallazgo del cuerpo. “Estaba con cuidados paliativos en su casa de Chacarita por una enfermedad respiratoria”, aclararon.

Daniel Melingo llevaba un tiempo trabajando en Tangos bajos (Rework), la regrabación de aquel disco de 1998 pero con un sonido actual y con músicos invitados. Tenía planeado presentarlo el 21 de septiembre en el teatro Coliseo. Pero no era el único proyecto que tenía entre manos. El álbum iba a estar acompañado de un documental sobre los orígenes del tango y, en paralelo, planeaba lanzar su propio vino, el malbec Tangos bajos.

La historia de Daniel Melingo con el rock argentino empezó allá por 1980, cuando ingresó a Los Abuelos de la Nada, la última y más exitosa encarnación de la criatura de Miguel Abuelo, en la que unió fuerzas con Andrés Calamaro, Cachorro López, Gustavo Bazterrica y Polo Corbella. Músico de formación, había estudiado en el Conservatorio Nacional de Música Carlos López Buchardo guitarra clásica y clarinete. También en el Conservatorio Municipal Manuel de Falla y en la Pontificia Universidad Católica Argentina Santa María de los Buenos Aires, en la Cátedra de Musicología, Etnomusicología y Composición.

Antes de su ingreso a Los Abuelos, Melingo acompañó durante un año al músico brasileño Milton Nascimento. Los primeros ochenta, los años que transcurrieron entre los finales de la última dictadura militar y la llamada Primavera alfonsinista, fueron muy activos para él y los que marcaron su relación definitiva con el rock local. Con la banda de Miguel Abuelo editó discos como el memorable Vasos y besos, pero su aporte a la vibrante escena local quedó más definido por su lugar en Los Twist, banda que fundó con Pipo Cipolatti y Fabiana Cantilo y con la que grabó varias obras, ninguna tan trascendente como la memorable y siempre revisitada La dicha en movimiento.

En ese disco trascendental Melingo hizo su aporte como compositor en canciones que hoy son un clásico no solo de la banda sino de aquella década: “S.O.S., sos una rica banana”, “Jugando hulla-hulla”, “En el bowling”, “Ritmo colocado”, “Cleopatra, la reina del twist” y, con Cipolatti: “Jabones flotadores” y “25 estrellas de oro”.

En una entrevista de junio de 2023, Melingo se refirió al siempre latente reencuentro de Los Abuelos Gustavo Bazterrica, Andrés Calamaro, Cachorro López y él. “Es un deseo constante. El mes pasado nos encontramos con Andrés, Cachorro y Gustavo Bazterrica en estos Encuentros Maximalistas que estoy haciendo en Niceto [una serie de conciertos que realizó en el espacio de Palermo]. Y hace un mes nos encontramos en el estudio de Cachorro, justamente para darle forma a una versión de un tema de Los Abuelos [”Himno de mi corazón”] con Andrés y con Cachorro, que va a ser parte de un álbum en el que está trabajando Cachorro con canciones de Los Abuelos de la Nada. Es algo que siempre está pendiente, tal vez algo que nos debemos con nuestro público".

En la segunda mitad de los años 80, Melingo viajó a España. Allí tocó con Los Toreros Muertos y fundó Lions in Love con Willy Crook. Con el saxofonista geselino cultivó una gran amistad que se extendió en el tiempo: Melingo fue el padrino de Nilo, el hijo de Willy y en los últimos años compartió escenario con él.

Otro de los “vicios” que cultivó fue el cine. Desempeñó diversos papeles en Una noche sin luna, de Germán Tejeira; en Lulú, de su amigo Luis Ortega y en Su realidad, de Mariano Galperín, entre otras.

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