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Hay problemas que se anuncian durante años hasta que finalmente explotan. Lo que ocurre hoy en las rutas de Vaca Muerta es uno de ellos.

Transitar por las rutas provinciales 7 y 8 se ha convertido en una experiencia cada vez más compleja, riesgosa y estresante para miles de neuquinos. Lo que alguna vez fueron horarios puntuales de congestión, vinculados al ingreso y salida de los turnos petroleros, hoy se ha transformado en un colapso casi permanente. El tránsito intenso ya no distingue mañanas, tardes o noches. Los embotellamientos, las largas filas de vehículos y las demoras forman parte de la rutina diaria de quienes circulan por el corredor productivo más importante de la provincia.

El pasado domingo un triple accidente provocó la muerte de un trabajador petrolero de Campo Grande

El crecimiento de Vaca Muerta ha sido extraordinario. La actividad genera empleo, inversiones y oportunidades para Neuquén. Pero mientras los indicadores económicos baten récords, la infraestructura vial parece correr siempre varios kilómetros detrás de las necesidades reales.

Miles de camionetas de empresas, camiones de gran porte, colectivos de transporte de personal, equipos especiales y vehículos particulares comparten diariamente rutas que hace tiempo dejaron de estar preparadas para soportar semejante volumen de tránsito. La consecuencia es visible para cualquiera que recorra el trayecto entre Neuquén, Centenario, Vista Alegre, San Patricio del Chañar y Añelo: sobrepasos peligrosos, filas interminables de camiones, demoras que superan la hora en algunos tramos y una sensación constante de que cualquier error puede terminar en tragedia.

Entre 2025 y lo que va de 2026, los hechos fatales más relevantes registrados en la Ruta 7 suman al menos 8 víctimas fatales, sin contabilizar siniestros menores ni casos que aún puedan ser incorporados a estadísticas oficiales definitivas.

Y las tragedias llegan.

Durante 2025 y lo que va de 2026, la Ruta Provincial 7 acumuló una preocupante sucesión de accidentes fatales. Trabajadores petroleros, empleados estatales, conductores particulares y motociclistas perdieron la vida en distintos siniestros ocurridos a lo largo del corredor. Detrás de cada estadística hay familias destruidas, proyectos truncos y comunidades enteras golpeadas por pérdidas que podrían haberse evitado.

La pregunta inevitable es cuánto de esta situación responde únicamente a errores humanos y cuánto tiene que ver con un sistema vial que ya muestra signos evidentes de saturación.

Hace dos años el Gobierno provincial anunció la implementación de un moderno sistema de peajes inteligentes, controles automáticos, monitoreo permanente y pesaje dinámico de camiones para las rutas de Vaca Muerta. La iniciativa fue presentada como una herramienta clave para ordenar el tránsito y mejorar la seguridad vial. Sin embargo, mientras los accidentes continúan acumulándose, muchos de esos controles siguen sin funcionar plenamente o resultan insuficientes frente al crecimiento exponencial de la circulación.

La realidad es que el tránsito aumenta a una velocidad mucho mayor que las respuestas. Las obras avanzan, pero la demanda crece todavía más rápido. Cada nuevo pozo, cada nueva planta y cada nueva inversión generan más movimiento sobre rutas que ya operan al límite de su capacidad.

Lo preocupante es que la saturación dejó de ser una advertencia para convertirse en una realidad cotidiana. Ya no se trata solamente de mejorar la experiencia de quienes viajan. Se trata de preservar vidas.

Las rutas de Vaca Muerta son hoy la columna vertebral del desarrollo económico neuquino. Pero ninguna estrategia de crecimiento puede considerarse exitosa si quienes la recorren todos los días sienten que están expuestos a un riesgo permanente.

La provincia enfrenta un desafío enorme. No alcanza con anunciar proyectos. No alcanza con prometer controles futuros. No alcanza con esperar que la situación se acomode sola. La magnitud del problema exige decisiones urgentes, inversiones aceleradas y una coordinación efectiva entre el Estado, las empresas y los organismos de control.

Porque mientras la producción sigue creciendo, las rutas siguen cobrando víctimas.

Y cada accidente fatal que ocurre vuelve a recordarnos que el verdadero costo de la demora no se mide en kilómetros de asfalto pendientes, sino en vidas humanas.

Autor: admin