Escuchar artículo

Después de mirar hacia adentro y reconocer nuestros recursos más valiosos, aparece una pregunta inevitable:

¿Por dónde empiezo?

Este suele ser un punto de inflexión en el camino emprendedor.El momento de pasar a la acción, si pensamos en la metáfora que venimos trabajando, preparar la tierra fue solo el primer paso. 

Ahora llega algo igual de importante: sembrar.

Y sembrar implica tomar decisiones.

¿Qué vamos a plantar?
¿Cómo lo vamos a hacer?
¿Contamos con las condiciones necesarias para sostener ese proceso?

Pero más allá de lo externo, hay algo interno que empieza a jugar fuerte, cuando decidimos salir de la zona de confort, la mente suele activar mecanismos de defensa. Uno de los más comunes es la comparación.

Empezamos a mirar a otros que ya están en el camino, que tienen más experiencia o resultados, y sin darnos cuenta nos medimos desde un lugar injusto. Eso, muchas veces, paraliza.

Otro aparece en forma de voz interna: El síndrome del impostor.

Esa sensación de no estar a la altura, de no ser suficientes, de no merecer lo que podríamos lograr. Y muy cerca de ahí suele aparecer un viejo conocido: El perfeccionismo.

Ese intento de hacer todo perfecto antes de empezar. De tener todo resuelto.De ofrecer algo impecable desde el primer día. Pero en ese intento de perfección, muchas veces lo que termina pasando es simple: No empezamos.

Todos estos mecanismos —la comparación, el impostor, el perfeccionismo— no son fallas personales, son parte del proceso. Pero reconocerlos es clave para no quedar atrapados en ellos.Por eso, más que seguir pensando, es momento de hacer algo distinto.

Te propongo un ejercicio simple:

Buscá un papel y respondé sin pensar demasiado:

 

Puede pasar que al terminar este ejercicio aparezcan emociones: incomodidad, duda, Incluso vergüenza.

Es parte del proceso, porque muchas veces no es la falta de ideas lo que nos frena, sino el miedo disfrazado de perfeccionismo.Y en ese intento de hacer todo perfecto, terminamos no haciendo nada.

“Tal vez emprender no se trate de estar completamente listos.Tal vez se trate de animarnos a empezar, incluso con miedo, porque en definitiva, ningún proyecto crece en la cabeza.Crece cuando alguien se anima a dar el primer paso”.

Autor: